| |
ARTÍCULO Hablemos de alguien que se lo merece... (2003) | | Por Juan Mínguez | |   | Se cumple esta semana un año de mi entrada en el Club de Baloncesto, en
la gran familia del Liceo Francés. Hoy no toca hablar de mí, quizá en
otro momento, de quien quiero hablar esta vez es de una de las
personas mas carismáticas e importantes que ha formado, forma y formará
parte del Club y de su historia, aunque en estos momentos oficialmente
no sea uno de los llamados “entrenadores”, sin duda es uno más para
nosotros, jugadores, padres y entrenadores. Para mí, además, es mi
padrino, amigo y mi “hermano”. Mi padrino por enseñarme, tutorarme y
guiarme en mi primera experiencia dentro del mundillo del basket visto
desde la perspectiva de entrenador, bueno, 2° entrenador… aunque con
ficha de delegado, por acogerme desde el primer día con sus bromas y
con su sonrisa, sin conocerme de nada, como uno más.
Como
hermano por el trato protector, de colega y amigo, por las
conversaciones fuera de las pistas de mini, y por esas pachangas en
mini después de cada entreno, por esos concursos de tiros libres que
creo haber ganado sólo una vez, por los desayunos de los sábados, por
la elección de los quintetos titulares, por las pachangas de los lunes,
por el minicampus, por el campus, por las reuniones de entrenadores.
Busquemos
en nuestra mente un momento en el Liceo, ¿está el? Seguro que sí, si no
está, seguro que fue el primero al que echamos de menos ese día y al
que corrimos para contarle lo ocurrido en cuanto le vimos.
¿Hay
alguien que todavía no sepa de quién hablo? Seguro que no, si aún no lo
sabéis, ahora os digo el nombre, y os recomiendo que releáis este
artículo pensando en él, en mi padrino, en mi hermano, en mi amigo. Es
mi pequeño homenaje, no por su marcha, porque todos sabemos que es
temporal, si no por su trato, por su personalidad, por su risa, sus
bromas y su compañerismo; por haberme enseñado en mi primer año de
entrenador, el más importante, sin duda.
Gracias Currales | |
|